Nos adentramos en la realidad detrás de cámaras con la directora Lucía Alemany y los protagonistas Gabriela Andrada y Mario Ermito de Pídeme lo que quieras, adaptación de la novela erótico-romática de Megan Maxwell.
Cómo llegaron al proyecto
P: Quería saber los pasos previos a entrar al proyecto. ¿Fuisteis vosotros a un casting o alguien llamó a vuestro representante interesado?
M. Ermito: A mí me llego la propuesta, me querían proponer un proyecto. Trataba de una novela, producido por Warner Bross, como protagonista. (…) Leí el guion, hice el casting, tres horas y media de prueba. Y todo esto tenía que ser yo alemán. ¿Cómo hago yo para quitar el acento italiano? (…) Me dijeron, “Te ponemos un coach”. Como si fuese una cosa fácil (entre risas). Al final aceptaron, me cogieron y ya luego empezamos a buscar a la protagonista (señala a Gabriela Andrada).
G. Andrada: Hicieron un proceso de casting particular, para las chicas por lo menos. Lo primero que buscaban era desenvoltura con el sexo, con la falta de pudor. Entonces, la primera prueba no era una escena de texto como tal, ni de sexo tampoco. Estábamos con Cristina Perales, la directora de casting, y se propuso que las chicas trajéramos un novio, un amigo, una amiga, con alguien con quien nos sintiésemos cómodos. Y nos besáramos, nos tocáramos, hiciéramos algo de simulación. (…) Esto, estaba ella sola, no se difundió, lo grababa ella con el teléfono. Y fue un primer acercamiento a ver: “¿esta persona se siente cómoda?” (…) Yo para bien o para mal el pudor no lo conozco (dice entre risas). Luego me dejaron hacer el presencial, ya directamente con Mario, que éramos 6 o 7 chicas. (…) Claro, es que cuando me llegó la primera prueba, la de ven con un amigo a darte el lote en un sótano, a mí me sonó muy sospechoso (riéndose), no tenía ni idea de dónde me estaba metiendo. (…) Tuve fe y salió bien.

G. Andrada: Este segundo casting que hicimos juntos yo estaba agotada, venía de cuatro días de rodaje nocturno. Terminaba las 7 de la mañana, la prueba era a la 1:00, no había tenido tiempo de dormir, ducharme, ni nada estaba tan cansada y tan sensible que iba con todo por delante. ¿Qué hay que hacer? Me puse a llorar en un momento, me entró la risa, nos reímos mucho, nos tocamos mucho. Creo que ahí se vio una complicidad y una vulnerabilidad… quizá fruto del agotamiento que, aunque yo pensaba que estaba haciendo un esperpento, funcionó.
P: Por lo que tengo entendido, además, es el primer proyecto en el que trabajáis juntos, ¿es eso cierto? ¿Cómo fue el proceso de trabajar juntos para construir la química entre vuestros personajes?
G. Andrada: La química está o no está, ¿no?
M. Ermito: Sí, creo que eso, la química está, si tienes que crearla ya es otro proceso que adoptar. Claro, no se puede tener química con todos.

P: “Pídeme lo que quieras” una adaptación literaria. Me gustaría saber tu rol dentro de la escritura de guion. Si te llegó directamente el guion para dirigirlo, o hubo un proceso anterior donde participaste en adaptarlo a película.
L. Alemany: El guion ya estaba escrito, como a la espera de tener a la directora para acabarlo. (…) No era cerrado para que me entiendas. Estaban esperando a la incorporación de la directora para que dijese y entonces acabar de reescribir y ya cerrar el guion.
P: ¿Eso significa, que podemos ver a Lucía Alemany en alguna decisión de guion que te hiciese ilusión incorporar en la adaptación?
L. Alemany: Mira claro, de guion desde luego Rigoberta Bandini. El llevar a Judith con esa canción, el contarlo todo con esa canción fue cosa mía. (…) Las otras canciones realmente han aparecido en post producción, pero esa sí que estaba ya de guión, o sea claro, porque es narrativo. (…) Es una huella mía.

La presión del proyecto
P: ¿Qué os ha supuesto la presión de trabajar en Pídeme lo que quieras, un referente que ya tiene muchos fans, los cuales ya tienen una imagen de vuestros roles y donde la expectativa es tan alta?
G. Andrada: Yo creo que la gente tenía más expectativas con Eric Zimmerman. Quiero decir, los hombres ven porno, las mujeres leen novela erótica. Cuando lees novela erótica siempre está contada desde el punto de vista de la protagonista. Pero la protagonista es la lectora. No piensa en la chica, piensa en el chico imaginando que ella es lo que está viviendo. Entonces creo que realmente quien manejaba más presión eras tú. (mirando a su compañero)
M. Ermito: Sí, porque como has dicho todas las lectoras tienen un punto de referencia distinto. (…) Eso para mí no fue un problema porque es mi trabajo. Si me han elegido, si Megan me ha querido en este proyecto, algo significará, ella es la que ha creado los personajes. He confiado en la confianza que me han dado los productores, Megan y la directora.

P: A menudo, el género erótico puede ser malinterpretado o estigmatizado. ¿Cómo te gustaría que cambiara la percepción del cine erótico romántico a través de esta película?
L. Alemany: Ojalá pero no te lo sé decir, porque esta película más allá del genero al que representa, sobre todo es una película de entretenimiento. (…) La función de la película es entretener y darles a las guerreras, las lectoras de Megan Maxwell, sus expectativas. Que disfruten de ese momento de ver la peli, en esa comunión de ahora todas vemos al mismo Eric, a la misma Judith, el mismo polvo… (…) Ojalá me equivoque pero es por eso, porque tiene un aire más comercial que de calidad cinematográfica.
Aprendizajes del proyecto
P: ¿Qué ha sido lo más interesante del proyecto, lo que más os ha ayudado a desarrollaros como actores?
G. Andrada: El cansancio. Lo que me pasó en el casting era mi mayor miedo. Estar agotada, no ser capaz de llevar bien el ritmo de rodaje, porque empecé a actuar hace unos cuatro años profesionalmente con series y tal pero nunca había estado todos los días en el set. Nunca había hecho un personaje que estuviera en todas las escenas, es que es raro que un protagonista esté en todas las escenas, no hay tramas secundarias aquí. Mi miedo era no resistir bien o no tener la técnica suficiente para tener a mano lo que necesitaba tener a mano cada día.

G. Andrada: Un descubrimiento muy bonito era que el cansancio juega a mi favor, esto lo decía Grotowski. Cuando bajas la guardia aflora lo que llevas dentro, estás más sensible, más vulnerable. Tenía muy presente a Judith todo el tiempo y no sé si me la he terminado de quitar, hasta el punto en que Judith tiene ronchones en el cuello y yo llevo semanas rascándome sin parar porque me está saliendo un eccema aquí (señala en el mismo lugar que sale en la película).
M. Ermito: Mi miedo era de volver a tener el acento italiano y me quedé cuatro meses sin volver a Italia, sin volver con la gente, tampoco con mi familia, hablaba muy poco con ellos. Para centrarme en él, intentar no salir demasiado fuera del personaje. Y bueno, ha sido un recurso maravilloso, he salido de mi zona de confort y he descubierto un montón de cosas como actor tanto como persona, me ha enseñado muchísimo.
Anécdotas de rodaje
P: ¿Hay alguna anécdota de rodaje que podáis contarnos?
G. Andrada: Los últimos días de rodaje los hicimos en jerez. Había un momento en el que teníamos que ir andando por la calle, hablando, sin más. Y en esa calle había una iglesia, la fachada, la parte de atrás. En ningún momento se veía la iglesia, no se grababa dentro de la iglesia, ni siquiera se enfocaba a la iglesia, pero ahí estaba. Y Mario, durante el día había ido al estanco y le había comentado al señor que estábamos haciendo esto.
M. Ermito: Yo con la pinza en la cabeza, y yo explicándoselo.
G. Andrada: Claro, lo normal, lo cuentas contento. Pero claro, Jerez es un sitio muy pequeño y la voz se corre muy rápido. Este señor debió de hablar con otra señora, que hablo con otra señora. El caso es que llegamos al momento de grabar esa escena en la calle, y nos encontramos a tres señoras muy ancianas cogidas del brazo protegiendo como en una manifa, diciendo “la iglesia no sale en una película porno”, “no vais a ensuciar el nombre de la iglesia de Jerez”. (…) “No es una película porno, es una película romántica.” No coló, no colaba. Este todo farruko, ellas todas farrucas, acabó viniendo la policía porque no se iban, defendiendo el orgullo de la iglesia.
M. Ermito: Perdimos por lo menos casi una hora de rodaje, de trabajo.
G. Andrada: Pero claro, quien saca a tres ancianas de la calle a la fuerza, no había manera.

P: ¿Hay alguna anécdota de rodaje que puedas contarnos?
L. Alemany: Cada vez que lo veo me acuerdo, el perro de Frida y Andrés. Esa secuencia estaba planteada sin perro. Vino un compañero que viaja siempre con su furgoneta y su familia de animales, de repente me viene así hablando bajito y que dice: «yo tengo a mi dóberman en la furgoneta, que no lo pondremos aquí, porque yo creo que queda increíble». Y yo dije «wow, o sea acabas de tener la idea del millón». Pero claro, imagínate ir a producción, que no tienen marrones suficientes, a decirle no es que ahora en este plano, que además era un plano secuencia, vamos a poner un perro. (…) El director de producción fue: «a la que se le mueva un pelo al perro, a la que de un mínimo de problema, lo saco». (…) Estuvimos durante tres horas grabando, el perro inmóvil, todos sudando. (…) Cada vez que veo la secuencia del perro, me encanta.






















