Luis Antonio de Villena: «El papa Francisco es de lo más tonto que existe en el mundo»

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Luis Antonio de Villena
El poeta Luis Antonio de Villena | Fuente: William González (El Generacional)
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Una vida entera dedicada al verso

Luis Antonio de Villena (Madrid, 1951) uno de los poetas más representativos de la poesía española actual. Ha escrito ensayos, memorias y novelas. Galardonado con el Premio Nacional de la Crítica, el Ciudad de Melilla o el Generación del 27. El pasado mes de octubre, se publicó su obra más reciente Lujurias y apocalipsis (Visor, 2022). En esta entrevista, el autor nos habla de su obra, el panorama literario que conoce de primera mano, poesía latinoamericana y de su relación con Borges y Octavio Paz.

Lujurias y apocalipsis, poesía y política

P: Lujurias y apocalipsis son poemas de 2019 a 2021. Los escribes en Madrid, México y Colombia. ¿Cuál ha sido tu relación con esos países?

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R: Hay mucho de México y Colombia porque siempre viajé a esos países desde jovencito. Eran viajes de turismo con mi mamá o de trabajo. Conocía bien la literatura latinoamericana, pero siempre pensé que mi futuro era París porque conocía muy bien la ciudad y, tras la muerte de mi madre, di una conferencia en Colombia y me quedé allí un mes. Me gustó mucho por el aspecto erótico. Entonces empecé a ir a Colombia incluso 3 veces por año. Y en México igual, pero con elementos más intelectuales.

P: ¿Cómo se ha dado a nivel creativo esta obra?

R: El proceso creativo para mí es escribir la poesía cuando viene y el poema lo cuido en el interior, lo pienso, le doy vueltas y salen. La mayoría de los poemas están físicamente escritos en México, pero otros tienen que ver mentalmente con cosas de esos países. Hay alguno que no se podría saber que es de México vinculado a César Cañedo, Reivindicación de Sodoma. Este soneto blanco es la descripción de una sauna mexicana que se llama Sodome.

P: 47 poemas y un Post-facio. A lo largo de la obra vemos ese dolor que sientes al desmoronarse la cultura, inconformismo y estar en un lugar que no te pertenece. ¿Por qué tan desilusionado con el mundo de ahora?

R: Había más poemas, pero descarté ciertos inéditos. Me parece que todos los cambios que se están produciendo son para mal. El mundo de ahora es infinitamente peor que el mundo que yo he vivido. Por ejemplo, en el caso de España, con Felipe González y Aznar en sus 21 años —sumando ambos mandatos— fueron de lujo, y fíjate, con ideologías distintas: había dinero, se cuidaba la cultura y España subió enormemente. Si comparo la vida de hoy con la que viví hace unos años, ahora todo es mucho peor. Desde Aznar, no se ha hecho nada por la cultura ni en la izquierda ni en la derecha. Los presidentes que ha habido son una sucesión de imbéciles continuados: Zapatero, Rajoy y Sánchez son tontos.

P: En el poema Gramáticos en la decadencia escribes: “Odio a los políticos”. ¿Qué esperas de España hoy en día?

R: Sí, es verdad. La mayoría son bastantes cortos de inteligencia y sumamente mentirosos y voraces. Espero que sobreviva. Que sobreviva a la cantidad de gente que se la quiere cargar. Ya lo dijo Bismarck: “El país más potente de Europa es España, porque los españoles llevan siglos queriendo destruirlo y no lo han conseguido”. España es un país potente con una historia fabulosa, pero se creó la famosa “Leyenda negra” por Inglaterra y Holanda como un elemento de propaganda política.

P: ¿Hay algo bueno en la política actual?

R: Lo mejor que veo es mediocre. Yo, por ejemplo, voto. No me abstengo porque considero que tengo que votar a lo menos malo.

P: ¿Y la ultraderecha?

R: No es tan ultraderecha. No es Hitler ni Mussolini. Simplemente, son muy nacionalistas españoles. A mí no me gusta y eso no lo votaría nunca. El mayor error que cometen es el seguimiento a la iglesia católica. Es un mal antiguo de España. No hay por qué convertir la religión católica en una ideología política. Una religión convertida en ideología política es el mayor desastre que puede haber.

P: ¿Crees que ha sido uno de los graves problemas de España?

R: Ha sido un problema grande. Por ejemplo, llegar a América y poner la cruz antes que el pendón real, tendría que haber sido al revés. Por eso, la idiotez del papa Francisco, subnormal profundo, cuando dice que “España debe pedir perdón por la conquista de América”, pero necio… sin eso no existiría el catolicismo allí. El papa Francisco es de lo más tonto que existe en el mundo actual.

P: El poeta es un ser caído, aspira a la perfección, escribes. ¿Qué no le puede faltar a un joven poeta?

R: Sí, es un poco lo que dijo Baudelaire en su soneto L’Albatros. Lo que no le debe faltar a un poeta es cultura. Ante todo tiene que leer, estudiar, trabajar. Yo sigo estudiando, pero un joven poeta tiene que estudiar mucho. Eso es uno de los problemas que se ve, sobre todo, en internet. Poemas que parecen escritos por un niño de teta que son como nada.

P: No abandonas tu línea de siempre: lujuriosa, el cuerpo, la belleza de los cuerpos jóvenes y, en este libro, lo notamos. ¿Qué es para ti la belleza?

R: Lo que más me ha seducido en la vida. La belleza intelectual, el arte, la literatura, espíritu, la inteligencia e incluso la belleza de las formas: colores, cuerpos, armonía.

Literatura latinoamericana

P: ¿Cómo ha sido tu relación con la literatura latinoamericana?

R: Ha sido siempre muy buena. En España, cuando estudiaba el bachillerato, no se estudiaba la literatura latinoamericana, pero había una excepción nicaragüense: Rubén Darío. Entonces, leí y me aprendí cosas de Rubén. Luego, pues vendría gente a la que yo he conocido. He sido amigo de Octavio Paz y de Borges.

P: ¿Cómo era Borges?

R: Borges merendaba con nosotros. Era exactamente lo que tú esperabas. Enormemente sencillo, nada vanidoso, normalísimo y continuamente hablaba de literatura porque sabía muchísimo. Recuerdo que yendo al lavabo a hacer pis recitaba y, sobre todo, se sabía trozos de memoria de la Farsalia, de Lucano (traducción de Jauregui). Decía: “Muere el mar y es cristal su monumento… ¡Caramba! ¡Qué verso!”.

P: ¿Y con Octavio Paz entablaste amistad?

R:  Tuve una gran relación con él. Era un poquito vanidoso, pero cuando eras amigo de él no. Un tipo muy inteligente, a quien siempre le dolía mucho la duda que le ponían de si era mejor ensayista o mejor poeta. Yo creo que es un gran ensayista, como Ortega y Gasset. Al final, prefiero al Octavio ensayista, pero su mejor poesía es la del principio.

P: Aparte de Rubén Darío, cuéntame tu acercamiento con poetas nicaragüenses.

R: Conocí a uno que es un mito, Martínez Rivas. Yo tenía 19 años cuando lo conocí. Estaba siempre borracho, pero era cultísimo. A otros amigos y a mí nos encantaba oírle porque hablaba de autores que no conocíamos. A Ernesto Cardenal, lo conocí ya mayor. Un señor muy cordial, un personaje extraño. Luego, ya a Gioconda Belli recientemente.

P: ¿Crees que en España se ha descuidado un poco la conexión a nivel poético con lo que se escribe en América?

R: En España se sabe mucho de la literatura latinoamericana. No digo de lo ultimísimo, porque el panorama es tan enorme que es difícil conocer todo. En España en este momento se conoce más que al revés. Los de allí conocen menos literatura española. He de decir que allí ha habido un fallo de los sistemas educativos y es que conocen mal el Siglo de Oro. Lope de Vega, por ejemplo, no es un escritor español. Es un escritor en español.

P: ¿Y sobre el panorama joven?

R: De allí, no conozco tanto. Y de aquí conozco, pero el panorama es muy confuso. No hay un canon y es bueno hacerlo, aunque luego lo cambies. En mi generación había un cierto canon, en la del 80 también e incluso en los 90 hay ciertos nombres. Después creo que hay un caos, mezcla. Yo leo mucha poesía joven, pero no la sigo tan de cerca.

Premios y mundo literario

P: ¿Qué opinas de los premios literarios?

R: Sobran premios. Hay demasiados premios de poesía joven y el problema está en que la mayoría de las editoriales no editan sin premios. Por lo tanto, los premios se degradan al haber tantísimos. Tener un premio ahora es lo de menos. El libro tiene que valerse por sí mismo. Lo que debiera de haber en lugar de premios serían ayudas. Es decir, tendrían que haber más becas para escribir un libro. Muchas becas y menos premios.

P: ¿Hay premios amañados?

R: Creo que hay premios amañados, pero no todos. Esa idea no es tan cierta como se cree. Hay premios que no están amañados, pero están dirigidos por la editorial. Es decir, la editorial no quiere publicar un libro que no esté en su línea y pone un jurado que va a premiar libros que están en la línea de la editorial. Eso no es que esté amañado, pero sí quita los libros que no estén en determinada línea.

P: ¿Son tan importantes como nos hacen creer?

R: Ahora no, para nada. En este momento no tiene mucha importancia, porque casi todo el mundo tiene premios. Nunca le he dado importancia a los premios ni a los míos. El prestigio viene de otro lado. No de los premios.

 P: ¿Qué recuerdas de aquel joven Luis que daba sus primeros pasos dentro del mundo editorial?

R: Mi antiguo profesor, Antonio Prieto, me dijo que él iba a hacer una antología. Me insinuó que si mis poemas eran diferentes a los que le había dejado —esto con 19 años— y si le gustaban, me incluía. Me incluyó en la antología llamada Espejo del amor y de la muerte, (marzo, 1971) y fue lo primero que publiqué. Esa antología llevaba un texto lírico de Vicente Aleixandre y fue una oportunidad para conocerlo. Nos llevamos perfectamente bien desde el primer momento. Así me hice muy amigo de Vicente. Yo con 19 años ya estaba metidísimo en la literatura.

P: ¿Por qué haces esa diferencia entre “Literatura” y “Mundo literario”?

R: El mundo literario es una relación social (críticos, editores y los que escriben). Los lectores no forman parte. Una relación de amor y odio. Hay escritores que se odian entre sí, otros que se ponen la zancadilla, otros mal hablados. A mí el mundillo literario no me ha gustado nunca.

P: ¿Te decepcionó conocerlo desde dentro? 

R: Cuando lo empecé a conocer de verdad hacia el año 1971-72 recibí un desengaño terrible. Estuve cerca de un año en que apenas hice vida literaria porque me horrorizaba volver a encontrar eso. Ir a una cena, donde se hablaba mal del ausente, hacer bromitas sobre el otro. El mundillo literario me parece asqueroso, bilioso casi siempre. También es verdad que puedes encontrar muy buenos amigos y personas que estén en consonancia contigo.

P: ¿Tú odias a alguien?

R: Yo no odio a nadie, pero he cerrado la puerta a personas que era imposible tratar con ellas porque estaban llenos de la peor bilis. A mi edad me doy cuenta de que uno de mis mayores defectos es que yo nunca he hecho nada por mí mismo. Nunca he ido a buscar que me den un premio, me metan en la Academia o que hagan un artículo largo sobre mí. Por lo menos puedo decir que soy lo menos trepa que conozco.

Manías, recomendaciones

P: Manía o manías que tengas al escribir.

R: Durante mucho tiempo escribir a mano.

P: Autores que más te han influido.

R: Muchísimos. No tener influencia es no tener influencia de la nada.

P: Una palabra que ames.

R: Nefelibata.

P: Una que odies.

R: No suelo odiar ninguna.

P: Una que te dé miedo.

R: Idiotez y chusma.

P: Un verso.

R: La tristeza inmortal de ser divino, de Darío.

P: La literatura es imprescindible porque…

R: Encanta.

P: Una obra que te hubiera gustado escribir.

R: En busca del tiempo perdido, de Proust.

P: Un autor o autora con el que te irías a tomar algo.

R: Con Luis Cernuda.

P: Un premio que te gustaría ganar

R: Uno que tenga mucho dinero.

P: ¿A quién le darías el próximo Cervantes?

R: A José María Álvarez.

P: Alguna recomendación para aquel que lea esta entrevista.

R: Que lean algo. Que lean y lean.

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