De la mano de Planeta, Eva García Sáenz de Urturi revive el eterno retorno de Los longevos; cuando la vida casi eterna puede ser una bendición y una maldición
Eva García Sáenz de Urturi empezó a ser escritora hace quince años, cuando publicó la primera entrega de la saga de La saga de los longevos: La vieja familia, en Amazon, Comenzó a percibirlo cuando vio que, para el oficio, era obligatorio descargarse Twitter (ahora ‘X’), y mientras hacía su vida, no paraba de vibrarle el móvil. “Sí, bueno, verás, he escrito un libro”, decía con una humildad algo incrédula cuando le preguntaban por la constante vibración de su móvil, pues ella misma no daba crédito a lo que estaba pasando.
En poco tiempo consiguió que miles de usuarios lo descargaran en aquel 2012 en el que Eva lo autopublicó. “Es, sin dudarlo mi novela más especial”, concretaba la autora: “Fue la primera, el hijo primogénito.” Y como primer hijo, Eva ha sido consecuente con lo que estaba volviendo a lanzar al mercado: “He sido coherente con cómo lo hubiese escrito en 2024, porque se está publicando en 2024. Yo no veo ningún drama para los lectores que se hayan leído la novela en 2012: Si lo quieres leer, lo lees, y si no, quédate con la que te gustó”.
El surgimiento de la familia
El germen comenzó después de leer un especial de National Geographic de la evolución humana y que la idea se desplegase en su cabeza después de ver una foto de Monte Castillo. “Al verlo se me ocurrió la idea de dos personas que hubiesen nacido en la Prehistoria y que su manera de reunirse fuese encontrándose en Monte Castillo, y al instante se me vino la relación entre Urko y Lür”, especifica la autora.

A Eva siempre le había gustado la Prehistoria, y hubo una época en la que leyó mucho acerca de ella, pero siempre en tono académico (En esos momentos, ella trabajaba en la biblioteca de Historia de la universidad, con lo cual, el acceso a los libros académicos era fácil). Además, ella siempre había escrito;pero relatos cortos y en cursos de escritura creativa en Madrid. Sin embargo, cuando empezó a surgir la idea de Los longevos, tuvo claro a dónde quería ir su camino.
También tuvo una gran influencia el Monumento en memoria del incendio de Santander, el cual, a ojos de Eva, eran tal cual a sus protagonistas. De derecha a izquierda, estos serían Iago, Lür (el barbudo), Nagorno, Lyra, y los caídos: Boudica y Gunnar.En realidad, la estatua la hizo José Cobo, basándose en su mujer y en sus hermanos. Sin embargo, cuando Eva lo vio, se “enamoró” de la escultura y pudo conectar perfectamente con ella, pues tenía todos los esquemas de la familia ya creados.

¿Qué es ser ‘longevo’?
La saga de los longevos expone qué es lo que podría pasar si supervivientes de la Prehistoria hubiesen logrado persistir hasta nuestros días. Aquí encontramos la primera clara dicotomía que debe diferenciarse con claritud si se quiere que la obra se entienda desde la primera página: los longevos no son inmortales.“La mala suerte del destino puede existir, y pueden morir atropellados cualquier día”, especificaba Eva García Sáenz de Urturi.
En el universo de La saga de los longevos, la longevidad es tanto una bendición como una maldición. Los personajes han vivido miles de años, acumulando experiencias, conocimientos y sabiduría que cualquier humano normal solo podría soñar con alcanzar. Sin embargo, ese ‘regalo’ está envenenado: los longevos enfrentan pérdidas constantes, ven morir a aquellos a los que aman, y cada siglo los deja una marca emocional la cual deben aprender a gestionar. “Iago tiene problemas de memoria porque él adquiere mucho más conocimientos que el resto, y su cerebro debe eliminar algunos conocimientos para dar paso a otros, pero él no decide cuál tiene que olvidar”.
Las diferencias en las versiones 2012-2024 han sido con tal de poder mejorar la historia: “Muchas subtramas que tenían que ver con el día a día en el museo de Adriana han sido eliminadas, porque no tenía sentido crear a todos esos personajes si luego no los iba a utilizar”, relata Eva. “Me he centrado en la trama de conflictos familiares entre los longevos, que es lo que debe mantener la importancia hasta el final”.
El año 2045 como fecha clave para una posible longevidad universal
¿Quién no se ha preguntado acerca del qué pasaría si dejásemos de envejecer? Hablando de este tema con Eva García Sáenz de Urturi, salió a la luz a la creciente inversión y obsesión de los millonarios de Silicon Valley y otros sectores en tecnologías para la longevidad y la reversión del envejecimiento, algo que ha estado ganando mucha atención en los últimos años.
Personalidades como Jeff Bezos, el cofundador de PayPal y Bill Gates están invirtiendo fuertemente en proyectos de investigación relacionados con terapias génicas, regeneración celular y la manipulación de telómeros para combatir los efectos del envejecimiento. También está el ejemplo de Brian Johnson y su proyecto Blueprint quien ha implementado un enfoque muy riguroso y casi experimental sobre su propio cuerpo, siguiendo un estilo de vida extremadamente saludable y utilizando diversas tecnologías y tratamientos para revertir el envejecimiento.
“Ahora mismo los médicos piensan que el envejecimiento es una enfermedad y todo lo que asociamos con la vejez son síntomas de esa enfermedad”, comentaba Eva García Sáenz de Urturi mientras alumbraba hablando de este tema, pues cada vez estamos más preocupados por los efectos de absolutamente todo en nuestro proceso de envejecimiento: “Se espera que lleguemos al punto en el que sea posible frenar y revertir el envejecimiento, y algunos piensan que esto podría lograrse para el año 2045. La gran incógnita es si esta solución estará disponible solo para las élites o si será accesible para todos”.

La pregunta no es solo tecnológica o económica, sino profundamente ética: ¿qué tipo de futuro queremos construir? Y es que la posibilidad de prolongar la vida humana y revertir los efectos del envejecimiento podría convertirse en uno de los mayores privilegios de la historia, perpetuando desigualdades no solo económicas, sino también biológicas.
Esto obligaría a repensar la estructura de la sociedad: los sistemas de pensiones, el mercado laboral, la sostenibilidad de los recursos, entre otros aspectos fundamentales. “Elon Musk no está de acuerdo con esta investigación, y es de las únicas cosas en las que estoy de acuerdo con él”, explica Eva: “Si todos permanecemos vivos por cientos de años, la humanidad se estancará con las ideas del siglo XX”
¿Los longevos nos trae destino, o fatalidad?
Nietzsche hablaba del «eterno retorno», la idea filosófica de que todo lo que hacemos en nuestra vida —acciones, decisiones y experiencias— se repite infinitamente, creando un ciclo interminable. Lo representaba como un desafío existencial.
En La vieja familia, los longevos, que han vivido miles de años, experimentan algo similar que refleja esta idea. Aunque no vivan exactamente los mismos eventos repetidamente, su propia longevidad les confronta con situaciones similares una y otra vez: la pérdida de seres queridos, la adaptación a nuevas épocas, la constante renovación de sus relaciones y su papel en el mundo. Para personajes como Iago, la repetición de ciertas dinámicas —la soledad, el dolor de ver morir a los otros, y el esfuerzo constante de adaptación— es inevitable, y cada nuevo siglo puede parecer una repetición del anterior, una suerte de eterno retorno emocional y existencial. Sumado también a la ventaja (y desventaja) que sufre este personaje con su memoria.
Los protagonistas de su novela presentan una problemática muy difícil de entender para los lectores, y es, justamente, su propia vida. Nosotros, que habitamos en el siglo XXI, calculamos una vida cuyo fin podría aproximarse al rondar los ochenta años. Sin embargo, para estos longevos, la vida parece rozar la inmortalidad (y es rozar, pues ellos son plenamente conscientes de su mortalidad) mientras ellos deben seguir manteniendo su secreto lejos del resto, disimulando su comportamiento y adquiriendo las maneras de las nuevas culturas: “Yo nací en los 70, me he ido adaptando a las décadas, como todos vosotros. A ellos les pasa lo mismo, pero no son décadas, no son centurias: son milenios. Para ellos su vida es un continuum”.
Y aunque la idea de la inmortalidad y la longevidad sea tentadora para muchos –podríamos revisitar aquí las investigaciones del Silicon Valley–, esto también tiene una hondísima carga existencial negativa, y es que los traumas que acarrean los personajes pueden pesarles tanto que (en concreto uno de ellos) deben elegir qué traumas ya ‘no les son útiles’, pues recordemos que los longevos viven atrapados en un ciclo de pérdidas y adaptaciones constantes, donde los traumas se acumulan y pesan sobre sus almas de manera irreversible. “Los traumas tienen su labor en el cerebro, nos advierten para que no nos vuelva a pasar lo mismo. Iago tiene que elegir qué traumas olvida porque ya no son útiles para su presente; cada vez que tiene un apagón tiene que empezar de nuevo”, explica Eva García Sáenz de Urturi.
Con esto, cada vez que Iago decide olvidar un trauma, experimenta una especie de apagón mental, lo que implica comenzar de nuevo. Es como si el proceso de la vida, ese ‘eterno retorno’ del que hablaba Nietzsche, lo obligara a reiniciar su experiencia emocional una y otra vez, sin poder desprenderse completamente de su pasado. Este «reseteo» emocional no es tanto un privilegio sino una condena; es un precio que paga por su longevidad, porque cada elección de qué olvidar implica una especie de fragmentación de su propia identidad.
Esta filosofía medio estoica esconde una gran pesadumbre existencial. El ser humano (y en este caso los longevos), están atrapados en una lucha constante con su propia memoria y con el tiempo. Así, el eterno retorno no solo se manifiesta en las circunstancias externas que rodean a estos seres longevos, sino también en la incesante batalla interna por conciliar su pasado y su presente. La longevidad, en este sentido, se convierte en una trampa existencial: una vida casi infinita, sí, pero marcada por un ciclo interminable de trauma, memoria y olvido.
Pura, pura supervivencia
Eva García Sáenz de Urturi, en su reflexión acerca de La vieja familia y toda la saga de Los longevos, deja claro que el verdadero reto de su obra no era solo construir una historia de longevos, sino hacerlo desde una perspectiva realista, alejada del género fantástico convencional.
Aunque la premisa de que seres humanos puedan vivir miles de años con apariencia de treinta es, en sí misma, una ficción, la autora decidió que lo más importante era mantener los pies en la tierra: no quería que su historia se viera envuelta en superpoderes, en sucesos extraordinarios o en la magia que suele caracterizar a la fantasía: “Quería meterme en la psicología y en sus estrategias de supervivencia, alejarme de la fantasía (…) Crepúsculo tiene la profundidad de un charco. No me interesa para nada, más allá de lo laboral. ¿Un tío de 101 años va a estar haciendo la ESO continuamente? ¿Y se va a enamorar de una chiquilla de 17 años…? ¿Un tío de 101 años?”, reflexionaba la autora, al buscar comparaciones en el trato de la longevidad y la inmortalidad en productos populares.

La intención de Eva García Sáenz de Urturi era explorar cómo sería esa inmortalidad desde una óptica psicológica y existencial. En lugar de personajes con habilidades sobrenaturales, Sáenz de Urturi se enfoca en un grupo de longevos que han sobrevivido a lo largo de milenios no gracias a dones especiales, sino a su capacidad de adaptación, resiliencia y estrategia. Sus personajes no son héroes, sino supervivientes natos. Han logrado resistir el paso del tiempo y sus desafíos no por fuerzas sobrehumanas, sino por su agudo entendimiento de la naturaleza humana y sus propias limitaciones. Cada uno de ellos ha desarrollado su manera particular de enfrentar los siglos, desde cómo sobrellevar la pérdida y el dolor, hasta la manera en que se integran en nuevas sociedades.
Too much is never enough
Y con 15 años de diferencia entre la publicación de la primera novela y la publicación de la tercera, la cual verá la luz en 2025, Eva se cuestiona si, tras la publicación y gira de su tercer libro de la saga, logrará cerrar el ciclo por completo o si los longevos seguirán habitando en su mente: “Pero es que sí que escribí sobre ellos. Esto sale en Kraken 2, y en Kraken 3, por ejemplo. Con este último, mitad del libro es un flashback histórico del asedio a la villa de Vitoria y todos los personajes son ellos.” Para Sáenz de Urturi, en lugar de crear personajes nuevos para este episodio, decidió recurrir a ellos porque, en sus palabras, «ya estaban ahí», con un timeline que encajaba perfectamente. De esta manera, los longevos han seguido presentes, aún cuando su historia principal no estaba en primer plano.
Es tanta la devoción que Eva García Sáenz de Urturi siente por su primera saga que le es inevitable no solo despegársela de la mente, sino también del cuerpo. La autora menciona que porta consigo varios objetos simbólicos que la conectan con sus personajes: unas lascas de sílex, relacionadas con Iago; una figura de un bisonte, amuleto de Lür; y una runa vikinga de madera de abedul, que simboliza a Gunnar. Estos objetos no son meros detalles conmemorativos; representan un vínculo más profundo. Eva también confiesa que piensa en sus personajes en cualquier situación importante de su vida desde hace quince años: «Cuando necesito algún consejo de empresa, pienso en qué haría Iago; cuando tengo un momento de disfrute, pienso en Gunnar», revela la autora, mostrando cómo su creación literaria sigue influyendo en su vida diaria.
Para ella, ambas opciones tienen ventajas y desventajas. En una saga, ya se conoce a los personajes y al escenario, lo que puede facilitar la construcción narrativa. Sin embargo, el desafío está en rellenar los vacíos en sus vidas, en cómo continuar desarrollándolos sin perder consistencia. Por otro lado, cuando crea algo completamente nuevo, como hizo en Aquitania, se enfrenta a la monumental tarea de construir un worldbuilding desde cero: no solo los personajes, sino también sus trabajos, rutinas, pasados y, por supuesto, sus traumas no resueltos.
¿Cuál es el futuro de Los longevos?
Cuando Eva García Sáenz de Urturi cierre este ciclo, para el mundo tan solo significará que ha publicado la esperadísima tercera entrega de Los longevos. Cuando se tiene una carga tan grande, una de las inquietudes más comunes de los autores es decepcionar al público. Sin embargo, Eva no tiene miedo a hacerlo: “No creo que ninguno se haya imaginado un final. Siempre que pregunto al público en conferencias, no son capaces de darme una respuesta. Lo que quieren es saber qué pasa, y lo que está en mi mano es escribir algo que me emocione”, dice, sin dar ni una sola pista del posible final de Los longevos, pero con una actitud decidida ante el posible recibimiento: “Me desvinculo bastante de lo que piensen, porque ponerse a complacer a 4 millones de lectores es imposible. Si no ha gustado, lo sentiré muchísimo por ellos y por la espera. Yo me comprometo a lo que yo puedo hacer, que es escribir el mejor Longevos que exista, por eso sé que lo voy a hacer, porque depende de mí”.
Acerca de la posible adaptación de Los longevos (teniendo en cuenta que la adaptación de El silencio de la ciudad blanca es una realidad), Eva no tiene una posición tan positiva acerca de ella: “El problema de las adaptaciones cuando una novela ha tenido mucho éxito, es que eres la cara visible de un proyecto que ya no es tuyo, y los comentarios de los lectores van a ti. No van al director, no van a los actores. No va al productor, que son los que toman las decisiones (…) No creo que dé nunca los derechos de Los longevos. No hay presupuesto en España, ni siquiera sé si los hay en Estados Unidos. Y nadie va a coincidir con la cara de Iago, eso te lo digo”, afirma con contundencia la autora, a la vez que descartaba posibles actores para su protagonista. Tras muchos pretendientes, finalizó la discusión zanjándola de la siguiente manera: “Tengo una foto de Iago en la cartera, pero no la voy a enseñar. Nadie se le asemeja”.
¿Es este el futuro que queremos?
Los longevos no solo es un viaje a través de la historia y la inmortalidad, sino también una invitación a reflexionar sobre nuestra propia existencia y la fragilidad de la vida. Las fronteras del tiempo y la biología parecen desdibujarse y nos encontramos ante preguntas fundamentales que nos desafían: ¿Qué significa realmente vivir? ¿Cómo valoramos el tiempo y las experiencias en nuestras vidas?
Eva García Sáenz de Urturi nos recuerda que, aunque los longevos pueden haber dominado el arte de la longevidad, también deben enfrentar las complejidades de sus emociones, sus relaciones y sus pérdidas. Esta sagrada persistencia, lejos se convierte en una carga que requiere sabiduría y resiliencia. La historia de Los longevos es un recordatorio de que, aunque la búsqueda de la longevidad puede ser un anhelo humano, la verdadera riqueza de la vida radica en nada más y nada menos que en el propio tiempo.

