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El FC Zürich se lleva el gato al agua en un derbi copero emocionante

Los de Ricardo Moniz vencen al Grasshopper Club Zürich en el tercer derbi de la temporada gracias a un solitario gol de Kryeziu y avanzan a los cuartos de final de la Schweizer Cup. Tsiy Ndenge vio anulado su tanto del empate en los últimos minutos del partido y Brecher se encargó de denegar el resto de intentonas.

«Con todos los medios contra lo vivo, ¡pero nunca lograrán dominarnos!»; «Medios: ¿Dar crédito a cada cuento de hadas sobre el Grasshopper Club Zürich, con foros ‘relevantes’ y canales de Telegram como fuente? ¿Es esa vuestra aspiración?». Tras lo acontecido en la previa del derbi de Zúrich del pasado sábado, en la que alrededor de 600 aficionados del Sektor IV del Grasshopper fueron retenidos y privados de acceder al Stadion Letzigrund por la policía, la incertidumbre venia cerniéndose sobre estos octavos de final de la Schwezier Cup: nuevo derbi, esta vez a vida o muerte; especial tensión entre ultras y policía, aunque con la jerarquía asentada por el amenazante precedente; y dos equipos necesitados de victorias. El Grasshopper completó un buen partido de fútbol, a pesar de la derrota. Se le puede atisbar cierta mejoría con Tomas Oral al mando, pero tampoco perdamos la cabeza: la vida es mucho más fácil cuando tienes a Amir Abrashi y a Tsiy Ndenge como jefes de cocina.

Ricardo Moniz, después de ver abierto su expediente disciplinario por la SFL, varió bastante su once. No pudo contar ni con Krasniqi, ni con Perea ni con Ballet, y dejó en el banquillo a Mathew y Kamberi. Volvieron a la titularidad Antonio Marchesano y Cheick Condé, él después de algunas semanas de presuntas diferencias con el club. No parece casualidad que el FC Zürich pasara una mala racha de resultados justo al caérsele del once estos dos jugadores. Los que siempre están ahí para Moniz son sus tres centrales: Kryeziu, Katić y Mariano Gómez. Y Brecher, claro: portero y capitán, mantuvo en pie a su equipo a lo largo de todo el partido ante las acometidas del Grasshopper.

Ficha técnica | Fuente: Jorge Vicente Catalá

Primera parte grasshopper

Oral dio cancha a Adama Bojang, joven atacante gambiano que apenas había debutado como titular algunas semanas atrás, todavía con Schällibaum. Sentó a Lee y a Muci, y conjugó el resto de la delantera con Sonny Kittel y el habilidoso Evans Maurin. Bojang se presentó voluntario para inaugurar la cuenta de ocasiones: en el 4′, su remate de cabeza después de una dejada de Tobers hizo parkour por encima del larguero. Similar a la que tuvo frente al Lugano, en el 12′ cabeceó de nuevo una buenísima rosca de Giotto Morandi, aunque sin premio. El FC Zürich, con el trilero Conceição algo más retrasado como lateral, no terminaba de orientarse. En el 27′, una muy buena jugada colectiva iniciada en las botas de Dirk Abels finalizó con un remate excesivamente cruzado de Ndenge.

Entre la humareda | Fuente: Jorge Vicente Catalá

En aquel partido contra el Lugano, el público reprochaba a Bojang que no condujera en velocidad en según qué situaciones. Al chico se le vio algo encogido, inseguro, y es probable que todo aquello le taladrara la cabeza en esa eterna milésima de segundo que dura un mano a mano, el que le ganó Brecher. Un minuto después, en el 34′, el arquero suizo repitió número frente a un intento de Abrashi; otro minuto después, frente a uno de Kittel; y otro minuto después, de nuevo frente al ‘8’ y su córner directo. Hammel, por su parte, únicamente hubo de preocuparse por detener un disparo de Marchesano en el 44′.

Que sí, Emmanuel, ya te vimos. Venga, levanta | Fuente: Jorge Vicente Catalá

Cementerio de saltamontes

A Moniz no le gustó el guion de la primera mitad, y arengó a sus jugadores a ser más disruptivos. Tras un par de tentativas, en el 70′ apareció Kryeziu para cabecear a gol el nevado centro de Chouiar a la salida de un córner. Debe de ser duro para un equipo agonizando en el cementerio de elefantes eso de ver reducidos todos sus esfuerzos al vacío más absoluto que es el gol en contra. Quizá por eso dio entrada Tomas Oral al adolescente Tugra Turhan —mentira: lo hizo diez minutos antes—. Cándido y osado, este atacante, que debutó el pasado derbi del sábado disputando apenas tres minutos, rozó el empate hasta en dos ocasiones con un remate acrobático a centro de Ndenge y con un disparo arriba tras una serie de rechaces dentro del área.

En el 83′ llegaría el drama: Ndenge puso las tablas en el marcador rematando una falta lateral, para delirio de su afición, que ya prendía bengalas. Según corrían los jugadores hacia ella para festejar, vieron lo que nadie nunca quiere ver, peor que pillar a tu pareja con otro o a tu mejor amigo hablando mal de ti a tus espaldas: el linier con el brazo levantado. La revisión del VAR requirió de minutos y minutos de espera. Se daba casi por hecho el gol: ¿Acaso no es fácil corroborar un fuera de juego? ¿No se está revisando precisamente para contrariar la decisión inicial? El árbitro acabó por determinar que sí, que había fuera de juego de Tobers: el balón, antes de ser rematado por Ndenge, rozaba el pelo del central letón. Es gracioso que, imaginando esta clase de escenarios, siempre dibujamos tipos con grandes y alocadas melenas. Bien: Tobers apenas tiene un discreto tupé repeinado con gomina. Al filo del término de los nueve minutos de añadido, Nikolas Muci no acertó a dirigir a puerta su disparo tras una dejada de Lee.

Yo lo veo clarísimo, arbi | Fuente: Jorge Vicente Catalá

La imponente Zürcher Südkurve celebró eufóricamente la victoria con sus jugadores. Hay voces que señalan que las autoridades no se atreverían a comportarse con estos ultras del FC Zürich de la misma forma en que lo hicieron con los del Grasshopper el pasado sábado. El mensaje, claro, es tomado a broma, aunque no deja de estar ahí. Más allá de presunciones, esta vez no se produjo ningún altercado a gran escala durante el evento. Y más allá de dichas y desdichas, el FC Zürich ya espera en los cuartos de final al ganador del cruce entre FC Schaffhausen y Young Boys en una Schweizer Cup que no levanta desde 2018, curiosamente, en la última edición en que se cruzó con el Grasshopper.

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