6.7 C
Madrid
jueves, 29 enero, 2026
6.7 C
Madrid
jueves, 29 enero, 2026

La ética de la última croqueta

Ética aplicada a las pequeñas batallas que nadie admite pero todos libramos

Los dilemas de La cena de los idiotés funcionan como una radiografía semanal de la moral real, la de los ascensores, los chats familiares y las situaciones absurdas. Debatir si es ético comerse la última croqueta sin preguntar. En esas estoy. 

Tengo ganas de que llegue ya la Navidad para, cuando estemos todos sentaditos alabando la mesa evitando esa pregunta mientras engullimos la última gamba del plato, declarar la guerra planteando el mejor dilema de La cena de los idiotés.

Para los infelices, La cena de los idiotés es el programa semanal de Aimar Bretos donde cada comensal invitado expone una encrucijada moral-ética tremendamente cotidiana. Me lo da todo.

Cuando acaba de plantear situación alguno de los invitados, antes incluso de que el presentador invite a menganito o fulanito a dar su veredicto, cogemos ansiosas el mando de la televisión y paramos la sobremesa. “¿Y tú qué harías?”, nos gritamos preguntando.

Es bestial la manera en la que nos intentamos inclinar hacia la ambigüedad, juzgándonos al mismo tiempo cobardes y apremiándonos con coincidencias honradas si nos mojamos. Tenemos en cuenta todas las voces que hablan, y asentimos con orgullo cuando la que suena está de nuestro bando. Atrincheradas, en definitiva.

El debate se mantiene y se extiende cuando salimos de casa, obligando al resto a que se pronuncien sobre si pagarían un postre que no han probado en una cena comprometida. Eso acaba encadenando tres dilemas más y te vas de allí con la sensación de haber arreglado medio mundo. Son los veinte años y también es la necesidad de ejercer la participación.

No estoy haciendo promoción del programa, pero es que genuinamente me parece muy bueno. Es revelador sobre convivencia, egos, límites y expectativas. En cierto modo, hay algo autobiográfico en todos los dilemas propuestos y eso da impresión de cercanía y colegueo, también de una extraña y egoísta compasión distante.

En la seriedad parece que tenemos menos cabida -no todos ni siempre estamos dispuestos a-, sin embargo, el humor establece un terreno amable en el que es menos complicado zafarse. “Entre broma y broma, la verdad se asoma”, que dice el dicho.

La moral vive instalada en la rutina. La convivencia se sostiene más en si cedemos el asiento de la ventana del tren que en la retórica biempensante de los manifiestos, que también. Podríamos entender la ética como pequeñas heroicidades silenciosas que nadie va a aplaudir. Quizá lo que resuena del programa es que no va de ética ni moral, va de los dilemas aparentemente triviales que estructuran el sentido de la comunidad.

La incomodidad que se padece dentro de un ascensor puede dar para muchas cervezas. Lo pienso siempre. No es una tragedia griega, es una secuencia de anécdotas con potencial de discusión en un grupo de amigos. Y me gusta llevarlo a cabo, pues de repente plantear un “tú qué hubieses hecho” naturaliza, humaniza y une. Nos reconocemos en la torpeza, en la sinrazón, en la vergüenza y en la contradicción de la decencia.

La propina justa, la boda que parece un crowdfunding, el de los audios bíblicos, la última croqueta conflictiva… alguna vez hemos estado en esas. Es divertido pensar que todos rozamos los mismos planteamientos, lejos de la fatigosa épica solemne de los debates públicos. Desmenuzar estas escenas es también vernos por dentro. Las peleas internas son un arte cívico, y cada uno tiene su propio lenguaje. Otro día hablamos de esto.

Actualidad y Noticias

+ Noticias de tu interés

El texto podría no ser mío

Chat GPT crea cromos repetidos y a nosotros nos sirven para coleccionarlos Hasta ahora no me había planteado escribir sobre la IA y sus derivaciones, aburridas e inabarcables. Y si así empezase el texto de alguna compañera, me tendría que...

La Marrash come en casa

¿Qué dice La Casa de los Gemelos sobre nosotros como audiencia? Arranco este texto creyendo que tiene sentido lo que voy a escribir, pero no me cuesta ni cinco minutos perder el criterio y la seriedad para dejar el papel...

Una cabeza pasada por cine

Sobre el amor incondicional, el duelo íntimo y la delicadeza de ambas Hace unas semanas fui a los cines de Embajadores motivada por un correo que recibí sobre el festival Eñe, “Festival internacional de literatura y creación. Placer, una reivindicación...

Descubre más desde El Generacional

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo