Alice Kellen explora en Quedará el amor las complejidades del primer amor, la muerte y el peso de los recuerdos en una historia de conexiones humanas separadas por la guerra
Es difícil determinar si el romance tendría que ser algo obligatorio en nuestra vida. Sin embargo, algo indudable es que nos encanta escuchar historias de amor. Nos llena por dentro. Nos da una serotonina específica que solo se activa cuando nos cuentan cosas bonitas, aunque no nos pase a nosotros.
Pasa algo con las historias de amor de Alice Kellen. Autora bestseller de literatura romántica, vemos que hay pocas personas que puedan tratar tan bien el amor en novela. Es de las personas que consigue que el lector se sumerja tanto en una historia que hace que se olvide por completo de que esta sea ficción. Entre muchas cosas, Kellen destaca por un simple factor diferenciado en el panorama romántico: Autenticidad.
Quedará el amor se trata de su última novela. Antibélica, romántica, pesada (en el sentido en el que Kundera define el peso), íntima y espectacular, lanza al aire la pregunta sobre qué queda cuando todo se empieza a marchar. En este caso, la novela alumbra con un aire esperanzador y alega de que cabe una posibilidad de que en nuestros últimos días en la Tierra, tan solo nos permanezcamos junto al amor.
Alice Kellen no solo nos cuenta una historia de amor, sino que nos hace preguntarnos qué significa realmente amar a alguien a lo largo de toda una vida. ¿Es el amor una constante, o se transforma y evoluciona junto con nosotros? ¿Es algo que perdura más allá de la juventud y las primeras mariposas en el estómago, o es lo que queda cuando todas las demás cosas desaparecen? Así, el amor no es solo un sentimiento pasajero, es lo que nos ancla al mundo, que resiste incluso en tiempos de guerra, muerte y pérdida.
My love is mine all mine…
P: Leí en tus agradecimientos que esta novela la habías empezado tres veces.
R: Esta es la primera vez, afortunadamente. Y espero que la última que me pasa esto. Pero para mí es más difícil reescribir que escribir, porque cuando mueves una pieza se mueven otras. Hubo tres versiones en cada versión. La parte del presente, Por ejemplo, Margot al principio estaba casada en la primera versión de Quedará el amor. En la segunda versión era viuda y en esta tercera digamos que era como madre soltera. El personaje de Eleanor no existía hasta esta última versión. Encajar eso para mí ha sido un ejercicio, ha sido un poco el reto de esta novela. Claro, ya no recuerdo cómo fue escribir la primera versión porque hace más de cinco años, y no me acuerdo mucho de las sensaciones. Entonces tengo más el recuerdo de como si fuese un engranaje, unas ruedas de ir encajando todas las piezas.
P: ¿Cómo ha sido retomar la novela? O sea, tenías mucha fe en esta historia como para dejarla en el cajón y saber que no estabas tú preparada, o la novela preparada, o el mundo preparado.¿Cómo ha sido retomarla, y por qué la decidiste retomar?
R: Bueno, en el momento en el que yo escribí esta novela es verdad que justo me empezó a funcionar muy bien Nosotros en la Luna, y entonces sacar esta historia era un poco arriesgado porque era un cambio. Queríamos que el crecimiento tuviese sentido, que fuese paulatino. Darle tiempo también al público a crecer contigo. Pero bueno, sí que es verdad que es difícil terminar una novela y que nunca vea la luz, pero creo que los cambios fueron para bien, y eso te lo da la perspectiva del tiempo. Pasaría con todas las historias. Creo que ahora mismo cualquier novela que escribiese ahora y la retomase en cinco años cambiaría la mitad. Lo que pasa es que como las publicamos y ya son, se vuelven inmutables, pues se quedan ahí.
P: ¿Consideras que esta novela es más adulta que todo lo que has hecho antes?
R: No que todas. Creo que hay otras, como La teoría de los archipiélagos o Tú y yo, invencibles, que sí, que eran más adultas, más agridulces, más… bueno, los personajes tienen otra edad y entonces su experiencia vital es distinta. Al final no enfocas el amor igual desde la perspectiva de un personaje de 14 años que uno de 22, que uno de 50, que uno de 80. Si el amor es el amor, pero la manera en la que en la que probablemente no va a vivir el personaje sea distinto porque va sumando capas, ¿no?
P: En una de las primeras aportaciones que hace Cédric en la novela, cuando ya se empieza a abrir un poco más, reflexiona con Margot de “El misterio del matrimonio”. Tú eres una autora bestseller de romántica, ¿qué es el misterio del amor para ti?
R: Uf! El amor es lo más complejo que hay. No hay una fórmula. Nadie ha dado con una manera de cómo conseguir que que dos personas se enamoren. Y sí que es verdad que en el fondo cada persona es un mundo, pero hay ciertas ciertas herramientas que pueden servir y que todos somos más parecidos de lo que pensamos. Enamorarse de otra persona es algo inexplicable, es una química que no se puede describir, que no puedes forzar, y eso a mí me intriga muchísimo.
P: Lo ponías tú muy bien en el libro, cuando empezaban a reflexionar sobre qué les parecía a los dos increíble que dos personas concretas, de todas de las que hay en el mundo, se enamorasen.
R: Es que a mí solamente el comienzo ya me parece fascinante. Imagínate luego que dos personas puedan más o menos estar en el mismo camino durante, yo qué sé, diez o 20 años, ya no digo 50, me parece un milagro. O sea, yo creo que es bueno. ¡No hay una fórmula! No es A + B + C y tu matrimonio va a funcionar. Nos intriga mucho. Siempre escribimos sobre amor y en el fondo, es lo que tenemos en común todos. Porque todos hemos sentido en algún momento. Todos nos hemos enamorado. Todos. El amor y la muerte. Todos pasamos por ahí.
P: Escribes en esta novela muy concreto sobre el primer amor y de tenerlo In the back of the mind. ¿Crees que el primer amor se supera de alguna forma, o que estamos todos como Cédric cuando nos enamoramos por primera vez de verdad?
R: Creo que lo que cuesta mucho es superar los amores que se quedan a medias, porque todo lo que tiene que ver con la incertidumbre es lo que hace que le des vueltas, que se quede un poco atrapado en tu cabeza, que te preguntes cómo hubiese sido, qué fue lo que no sea como ese “Casi algo”, ¿no? El no llegar a que algo se gaste. Es como hacer un puzle y que se te quede la última pieza. Pues hombre, siempre vas a estar mirando la pieza que has perdido.
P: ¿Crees que las relaciones deben tener un final para poder ser superadas?
R: Las que no se acaban también son muy bonitas. O sea, es la belleza de los amores de verano, del pasado, del colegio. Esta belleza de algo que que te acompaña siempre y que es muy poderoso. Son amores que tienen muchos huecos, y tú lo rellenas con tu propia narrativa. Y no hay nada mejor que la imaginación. O sea, son amores que están en lo alto, ¿sabes? Es muy difícil que la realidad logre superar a la fantasía.
P: ¿Crees que es posible estar con alguien el resto de tu vida y que ese alguien no sea ese amor en el que tanto piensas?
R: Si. Es que son distintas formas de amor. No estoy segura de que de cuál es la mejor o la peor, o a lo mejor tiene más valor una historia de amor más estable, más firme, con cimientos. Y a lo mejor no es como los amores de verano, son perfectos porque duran tres meses, (que a lo mejor si hubieses durado diez años estarías harta de esa persona). Pero en el momento en el que se convierten en otra cosa, ya a lo mejor estamos en el otro lado.
P: Lo hemos mencionado antes, cuando hablabas del amor y la muerte. Esta última es otro tema que está bastante presente en Quedará el amor, aparte de ser una novela con una gran parte bélica. Has escrito bastante sobre ela y has tenido bastantes reflexiones en esta historia. ¿Cómo es tu relación con la muerte después de tratarla tanto?
R: Es que estoy obsesionada con la muerte, aunque no de una manera negativa. Ni especialmente triste, ni tampoco con miedo. Me obsesiona algo tan tangible y a la vez tan abstracto. En cuanto está alrededor, me atrae muchísimo, ¡pero en general! Me gusta mucho los cementerios, me gusta mucho preguntar a la gente (es un poco violento, pero solo lo hago con gente de mucha confianza): ¿Qué experiencias han tenido? ¿Qué piensan de la muerte? ¿De qué manera? Es por saber qué tenemos dentro cada uno. Me gusta mucho, por ejemplo, hablar con mis hijos, que son muy pequeños, sobre la muerte porque tenemos conversaciones fascinantes. Y por otro lado, también me gusta mucho hablarlo con mi abuela, que son los dos extremos de un paréntesis.
P: O sea, ¿tú no le tienes miedo a la muerte ahora?
R: O sea, no quiero morirme ¡por favor! (risas) Sí, sí, sí que le tengo miedo. Yo creo que todo el mundo. Creo que es mentira cuando la gente que dice que no le tiene miedo a la muerte. Bueno, no sé. Habrá gente que a lo mejor ya no tenga. Yo le tengo mucho miedo. Le tengo mucho respeto y no me quiero morir. Pero también me fascina. Y también es que todos tenemos eso en común. Todos nacemos de un útero y todos nos moriremos.
P: ¿Consideras Quedará el amor antibélica a pesar de tratar el tema de la guerra?
R: Un poco. Yo creo que el personaje de Cedric representa el no comprender. Sobre todo lo que más me gustó leer durante la documentación fueron biografías, entrevistas y cartas. Y la verdad es que pensabas: jo, eran chavales y eran mujeres que se quedaron en Londres. Es que realmente era algo tan ajeno a ellos…
P: ¿Qué fue lo que más te ha sorprendido de la documentación?
R: Cuando pensamos en gente que ha vivido en otro contexto, pensamos que son muy distintos a nosotros. Y veo las cartas de hijos a madres, en las que están bromeando, o contando recuerdos, y dices: “Ostras, es que podrían ser atemporales”. No cambia nada, ni la forma en la que se relacionan, ni las cosas que les preocupan, las cosas que les duelen, lo que desean, lo que piensan… Me conectaba mucho. No me tenía que recordar que esto pasó (¿Pues en breve hará 100 años, sabes?). Y te sorprende.
P: También das muchísima importancia a los objetos en Quedará el amor. Al principio de la novela, por ejemplo. Empezamos con el del anillo, y es justo el anillo lo que proyecta todo. Y revisando a las generaciones anteriores, vemos que aún les dan mucha importancia a estos objetos que traen estos recuerdos. ¿Crees que se está perdiendo dar importancia a lo material?
R: Sí. Se está ganando importancia en lo material, pero se está perdiendo la otra. Mira, yo llevo un anillo de mi abuela, que lo regaló mi abuelo y ella me lo regaló a mí. Me dijo que quería ver cómo lo usaba. Yo no me lo he quitado en tres o cuatro años y no sé, me parece súper bonito. Para mí es súper especial. Y además me encanta porque mis hijos siempre me preguntan por él. Y sí, yo creo que sí que se pierde. Porque, bueno, ¡es que tenemos tanto! Ya desde la infancia. Nosotros no tuvimos tantas cosas, y cuidábamos lo que teníamos. Ahora los niños tienen todavía mucho más de lo que se puede imaginar… y es que cada vez tenemos más. Pero en cierto modo, menos, lo que tú decías, ¿no? Tenemos menos cosas que valoremos, y eso hace que todo al final pierda el sentido.
P: Se está ganando abundancia en la materialidad, pero hay menos esencia.
R: Esencia. Sí, básicamente. Yo creo que también está cargada con con muchos recuerdos con peso del pasado, que es justo algo que también les pasa a los personajes, (no solo con los objetos, sino con con la vida, y sobre todo pues con las cosas que les pasaron en la vida).
P: ¿Cómo crees que estos recuerdos y la percepción del pasado puede distorsionar la realidad y el presente?
R: Cédric vive mucho entre silencios. Entonces, el silencio que acompaña a Cédric toda su vida, en cierto manera, pasa luego a su hijo. El personaje de Graham directamente nace de Cedric. Yo me imaginaba a alguien muy contenido, muy tenso, muy frío, un poco cauto y distante. Porque también has tenido un padre que no ha sido especialmente hablador, que no te ha contado nada. Jolines, convivimos durante años y años con nuestros abuelos, con nuestros padres, y en el fondo, si contásemos su vida, tendríamos cuatro datos dispersos. Pero a lo mejor yo no sé cómo era la vida de mi padre cuando era joven, ¿sabes? No llegamos a profundizar en la gente que a veces tenemos más cerca si no llegamos como conocidos.
P: Justo sobre todo con familiares, que no les llegas a conocer del todo porque se representa mucho un rol familiar.
R: ¡Sí! Yo siempre digo que las familias son como una obra de teatro y cada uno tiene su función y que luego es imposible cambiar de personaje. Te han dado ese guion y te quedas con ese guion para siempre. ¿Sabes que es una tortura? Sí, y en cierto modo hace des por hecho que conoces al de al lado. Pero es que probablemente nos conocemos mucho menos de lo que pensamos. Yo a veces le he hecho preguntas a mi abuela y me he sorprendido muchísimo. Si no preguntas, si no profundizas, si no vas más allá, te quedas con tu abuela como una imagen concreta.
P: Como un rol.
R: ¡Exactamente! Y cuando conoces a alguien que es nuevo en tu vida… entonces sí que preguntas. Te interesas. Hablas, hablas mucho. A veces dejamos de hablar con la gente de nuestra familia. No es tan fácil decir: “Venga, voy a pasarme tres horas hablando con mi madre”. En cambio, con una amiga o con alguien que se cruza en tu camino, sí.
P: Es justo lo que le pasa en el libro a Graham con Cédric, que no se conocen. O sea, conocen a su padre como su padre, pero no lo conocen como persona…
R: Que es lo que hace Margot.
P: ¡Exactamente! ¿Y crees que somos un poco de nuestros padres? ¿Nos proyectamos un poco en sus personalidades?
R: Me encantaría contestar que no a esta pregunta, pero creo que sí. O sea, no que seamos como ellos, sino que el como son ellos, nos moldea. Hay muchos que luego que los ves súper parecidos. O a veces ves justo todo lo contrario… porque es como el huir, ¿no? Pero partes de ahí. No puedes desprenderte de eso. Es que son los cimientos de tu vida. Y luego construyes una casa a partir de esa base que tienes. Entonces, en cierto modo, por mucho que modifiques, los materiales están ahí.
P: ¿Hay algún recuerdo en tu vida que sientas que haya influido más en tu carrera de escritora de lo que piensas?
R: Sí, mi padre me me leía, muchos libros. O sea, con seis años yo creo que el primero que me leyó luego se quedó con mi libro favorito, (que de hecho lo incorporé en otra novela que es El Principito) Obviamente ahora mismo a lo mejor no elegiría como mi favorita, pero es mi favorita porque me la leyó muchísimas veces con seis años, y con diez, y luego la leí yo. Me descubrió muchos autores, Jack London, Verne, Defoe, Dickens. Me ponía ahí los libros en la mesita de noche y era una manera también de conectar. Luego yo ya crecí y busqué mi propio camino. Yo pienso uno tiene que ser lector antes que escritor.
P: Cédric menciono que (bueno, de nuevo), que el matrimonio es un misterio. Que es una combinación de de amor y de desafíos. ¿Crees que en las relaciones de amor modernas sigue habiendo como este misterio? O lo estamos simplificando cada vez más.
R: Ahora tenemos el misterio de no entender nada. Es que es muy complejo. Yo creo que. Sí. A lo mejor hemos aprendido una especie de guion y eso lo simplifica todo mucho. Es como si hubiésemos quitado una parte más de algo más personalizado. Yo creo que los dos casos es que siempre se gana y siempre se pierde. Ahora hay otro concepto del amor, y ahora no te quedas en un lugar en el que no quieres estar.
P: ¿Crees, como escritora, que la literatura romántica ayuda a avivar un poco este misterio?
R: Al público joven le gusta mucho leer historias de amor en las que, curiosamente no hay redes sociales. No hay, porque en mis historias yo creo que nunca hay redes sociales. (Solo tengo una en la que se mandan e-mails y es muy distinto, más íntimo). Creo que les gusta tanto leer eso, porque en el fondo es muy complicado. El amor hoy en día (todo esto que comentan del amor líquido, de los “casi algo”, de esta inestabilidad) es como estar en una cuerda floja en la que estamos todo el tiempo etiquetando, tratando de entender cosas o cambiando fórmulas a ver de qué manera podemos conseguir que algo funcione, y en el fondo buscan eso. A todo el mundo le gustaría una historia de amor, da igual lo que dure, pero sobre todo que sea de verdad, que sea auténtica. Aunque sean cinco años, o diez o veinte, los que sean. Pero todos queremos algo de verdad. Entonces, claro, los libros te lo muestran un poco. ¿Por qué nos gusta Antes del amanecer? Porque son dos personas que conectan. Y están hablando. Y es real.
P: ¿Crees que ahora el amor, por así decirlo, es menos arriesgado? ¿Más fácil?
R: Creo que es un poco como lo material. Hay mucha abundancia, hay mucho donde elegir y a veces no es fácil gestionarlo. Creo que es muy complicado. (A mí me pasa y a veces entro a Netflix y me aturullo y salgo porque soy incapaz de elegir. Y es que me cierro y me pongo a leer un libro.) Me es más complicado seleccionar entre muchas opciones que entre pocas. (Yo soy una persona que cuando va a un restaurante y ve una carta de tres páginas me pongo nerviosa.) Creo que necesitamos un tiempo para saber cómo vivir en este contexto de la abundancia.
P: Sí, totalmente. Y también hablamos del perdón en la novela en un aspecto en el que Margot es demasiado dura consigo misma y tiene muy en mente su pasado, pero aprende a ceder esos recuerdos y de ese pasado. ¿Cómo se maneja el auto-perdón?
R: Creo que es de lo más complicado que existe. No sé si existe algo peor que serte infiel a ti mismo. En el caso de Margot yo creo que acaba viéndose a ella misma. Margot ha sido hija porque ha tenido que ocuparse de sus padres. Ha sido madre, pero no ha sido en ningún momento mujer. Y entonces ella, en esencia, no cambia. Por ejemplo, Cédric cambia su personalidad comparando cuando es joven y luego mayor, pues se va volviendo más cínico. Lo único que cambia en ella es la seguridad.
P: ¿Es un redescubrimiento del personaje, no?
R: Es salir de ahí y verse en el espejo, que llevaba mucho tiempo sin pararse a mirar. Si es que ni siquiera es que no se viese; es que no se paraba ni a ni a buscarse.
P: También la dinámica que controlas con sus hijos es bastante complicada ¿Cómo trabajas en esta dinámica con con los niños de Margot?
R: Pues fue una cosa que sí que cambió bastante de las versiones anteriores, porque tenían pocos diálogos. Cuando escribí la otra versión acababa de nacer mi hijo. Entonces, ahora, desde la perspectiva de tenerlos, me di cuenta de que los niños nunca se callan. ¡Están hablando todo el tiempo te están haciendo preguntas todo el tiempo, te están cuestionando todo, todo el tiempo! Muchas de las preguntas son de mi hijo el mayor. Yo creo que le daba mucha fluidez a la novela con un punto más ligero y más divertido, ¿no? Los niños siempre son divertidos si los escuchas. Si de verdad los escuchas te hacen pensar cosas súper profundas.
P: Muchas de las preguntas que incluyes me parecen brutales.
R: Yo creo hay muchos padres que no hablan con sus hijos. De verdad que una conversación puede ser muchísimo más interesante que con la mayoría de los adultos. Entonces a mí me hacen pensar cosas que yo nunca me había planteado. A mí me da pena. Es verdad que vamos tan acelerados… y hay muchos padres que también tienen jornadas laborales muy duras y no te da tiempo a sentarte.
P: Margot cree que la vida es como “ir saltando agujeros” y con la suerte con un papel bastante importante. ¿Cómo manejas este tema del destino en la novela?
R: Uf, es que yo creo que la suerte sí que está. O sea, yo creo que hay un factor ahí que te toca. Sí que es verdad que la vida a veces es un poco saltar agujeros, y saltarlos bien. O sea, todos vamos a tener agujeros, porque todos vamos a pasar por duelos, momentos de crisis, por todo tipo de cosas que no podemos controlar. Tener las herramientas suficientes para ser capaces de saltar ese agujero y no caerte dentro… yo creo que es lo que determina, ¿no?
P: ¿Crees que la suerte, el azar y en este caso, (hablando del destino), recae en tus personajes y en las personas en general?
R: No sé, no tengo ni idea. Yo no soy una persona muy crédula de nada, soy todo lo contrario. Pero hombre, sería bonito pensar que sí, que porque dos personas se encuentran y a lo mejor, a lo mejor a veces nos sentimos atraídas por las personas. Probablemente vemos más a esas personas en las que es como ver un espejo, porque las personas siempre vemos como espejos. Hay cosas que no queremos ver porque nos recuerda cosas nuestras, y hay otras que a lo mejor nos conectan, y yo creo que eso sí que nos condiciona, y que en cierto modo, eso es el destino, ¿no?
P: ¿La primera persona en la que Margot vio un espejo fue Graham… o Cédric?
R: Cédric.
P: ¿Crees que siempre quedará el amor?
R: Me gusta pensar que sí. Es un poco cursi, pero es verdad. Cuando te vayas de aquí, ¿qué te gustaría que quedase de ti? ¿En la gente? ¿En el mundo? Creo que no hay nada mejor que dejar una huella, y que esa huella sea el amor.

