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Vox tiene un problema

Vox crece sin parar, pero eso no significa que todo avance bien dentro de la formación

Si bien es cierto que Vox parece ir al alza y anuncia a los cuatro vientos que es la fuerza más popular entre los jóvenes menores de 30 años -principalmente varones-, el partido de Santiago Abascal atraviesa una crisis tanto interna como externa, aunque ha sabido como mantenerla en silencio. El último barómetro del CIS publicado en marzo ha revelado una caída de dos puntos en la formación mientras el resto de los partidos mantenían o subían su posición. Los problemas por los que atraviesa Vox arrastran un largo camino, solo que ahora se hacen algo más evidentes por el contexto nacional y geopolítico.

Desde 2016 es imposible negar que la ultraderecha española ha encontrado su lugar en el panorama político español. Este año es clave para entender el auge de las formaciones de extrema derecha en Europa. La crisis migratoria de 2015, la llegada de Trump a la Casa Blanca para un primer mandato en 2016 junto al triunfo del Brexit, demostraron a los ultraconservadores que existía un hueco para ellos en los parlamentos. Con la pandemia del coronavirus en 2020, su disparo estrepitoso no ha hecho más que aumentar en los países del Viejo continente.

Reflejos de Europa

La Agrupación Nacional de Marine Le Pen o Alternativa para Alemania de Alice Weidel son algunos de los partidos de extrema derecha que han llegado a ser la segunda fuerza política en su país. Sin embargo, partidos como Fratelli d’Italia de Giorgia Meloni, el Fidesz de Viktor Orbán o el FPÖ austriaco -principal fuerza política, pero sin control del país por el bloqueo de un gobierno de coalición- han llegado a ser las fuerzas más votadas de sus países, demostrando que la extrema derecha tiene la capacidad de volver a las altas esferas de poder.

Por su parte, en España, los de Abascal ocupan su puesto como la tercera fuerza política, aunque alejado de los populares y los socialistas. A pesar de ello, Vox ha ganado algo de relevancia a nivel europeo. Tras las elecciones europeas del año pasado, Abascal decidió abandonar la familia de los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR), liderados por la donna italiana Meloni. Fue en ese momento cuando Vox se unió al recién formado Patriotas por Europa, una escisión de Identidad y Democracia, creado el 30 de junio de 2024. Entre los patriotas se incluye un variopinto grupo algo más a la derecha de los ultraconservadores de ECR. Conformado por el Fidesz húngaro, la Liga Norte de Matteo Salvini o la Agrupación Nacional, Patriotas surge como una familia europea que pretende acoger al huérfano Viktor Orbán, prorruso y euroescéptico abandonado por muchos derechistas europeos.

Para comienzos de febrero de este año, los patriotas se reunieron en Madrid con el fin de hacer un alarde de fuerza. El cónclave sirvió para mostrar su unión frente a las discrepancias de ECR y posicionarse como una organización solida en el panorama internacional.

Abascal y Meloni | Montaje Propio
Abascal y Meloni | Montaje Propio

Aliados peligrosos: Viktor Orbán

Con la reciente condena e inhabilitación de Marine Le Pen, Vox ha perdido un importante aliado internacional. Ahora, para no quedar solo apoyado por partidos minoritarios en Europa, Vox se ha tenido que refugiar bajo el ala del Fidesz. La devoción que siente Abascal por Orbán no es algo nuevo. El rechazo que muestra abiertamente la UE a su socio más rebelde es la excusa perfecta para que Abascal haya elogiado en numerosas ocasiones el trabajo de Orbán. Muchas de las políticas del premier húngaro han servido de inspiración al nacionalista español, desde su duro control migratorio y sus políticas anti LGTBIQ+ hasta la búsqueda de un enemigo común: George Soros, a quien no hay día que el líder de Vox no mencione en su cuenta de X.

Sin embargo, este gran amigo de Santiago Abascal puede salir caro a su partido. El aislamiento a Orbán en Europa no es solo por sus estrictas medadas, sino que tiene gran importancia su posición sobre Rusia. El líder de Fidesz ha sido el culpable de muchos intentos fallidos de la UE por integrar a Ucrania en sus filas. Además, ha votado siempre en contra de enviar ayuda al país eslavo y mantiene una estrecha relación con el presidente ruso Vladimir Putin. La amistad entre ambos líderes es algo que los votantes de Vox ven con recelo. Mientras algunos toleran o incluso apoyan esta unión, otros creen que Abascal no debería acercarse tanto a las posiciones de Orbán sobre Putin.

Viktor Orbán | Montaje Propio

Aliados peligrosos: Javier Milei

Pasando al otro lado del charco, con quien el líder de Vox muestra -o quiere mostrar- una verdadera amistad es con el ultraliberal presidente de Argentina. Milei se convirtió rápidamente en toda una estrella para los liberales. Su victoria en las elecciones de Argentina se debió en gran medida a la promesa de acabar con la descomunal inflación que asolaba la economía del país.

Es cierto que, tras algo más de un año de presidencia, el argentino se ha logrado su promesa, hasta cierto punto. Para finales de 2024, la inflación en el país latinoamericano había bajado de un 25,5 % a un 3,5 %. Sin embargo, los argentinos han visto como su nivel de vida empeoraba. La política de “motosierra” de Milei ha conseguido eliminar una gran parte del sector público y recortar los subsidios. Se puede decir que ha logrado reducir la inflación mientras empobrecía a sus ciudadanos.

La popularidad de Milei ya comienza a decaer dentro del país. El escándalo con la promoción de la criptomoneda $LIBRA junto a la precarización de las pensiones -siendo la jubilación mínima de unos 285$- miles de argentinos han salido a las calles a protestar contra su presidente. Como no podía ser menos para un libertario ultraconservador, Milei utilizó a la policía como herramienta de represión, dejando unas terribles imágenes de enfrentamientos en Buenos Aires.

Ahora, con Milei investigado, Le Pen condenada por corrupción y Orbán aislado, las amistades internacionales de Santiago Abascal atraviesan un duro momento. Aún así, al ultraderechista español todavía le queda un as en la manga en su tablero de alianzas geopolíticas, pero ¿por cuánto tiempo?

Aliados peligrosos: Donald Trump

Sin duda, Santiago Abascal ha sabido como acercarse al presidente de los Estados Unidos, el hombre en boca de todos. Desde siempre, Abascal ha compartido su más profunda simpatía por el empresario neoyorquino, llegando a intervenir en alguno de los actos organizados por Trump en Washington. Tras la toma de posesión para su segundo mandato, el político español fue uno de los invitados de honor, aunque no logró renovar su fotografía con el recién nombrado presidente.

Trump es un hombre poderoso, un emperador en este nuevo orden internacional que el mismo está tejiendo. Sin embargo, el poder del tycoon tiene sus límites, y sus decisiones más recientes ponen en una tesitura a Vox.

El pasado 28 de febrero, durante una visita a la Casa Blanca del presidente ucraniano Volodímir Zelenski, Trump inició una de las mayores crisis diplomáticas vistas en las últimas décadas. Tras mantener una acalorada discusión frente a los medios, el ucraniano abandono Washington sin firmar un pacto con Estados Unidos que le permitiera abrir un proceso de paz para Ucrania.

Sin embargo, la fe ciega que Abascal deposita en Trump hizo que el español respaldara a su amigo internacional. Como bien sabe hacer, mediante su cuenta de X, el líder de Vox trató de dar la vuelta a la tortilla y asegurar que el fracaso en la firma de este acuerdo era una victoria para los “progres” europeos, entre los que incluyó a Pedro Sánchez o Ursula von der Leyen, algo carente de sentido pues la alemana pertenece a la CDU, un partido conservador y cristiano.

Donald Trump | Montaje Propio

Putin y aranceles

Ya se ha comentado como las alianzas internacionales de Vox perjudican su imagen. Ahora se deben destacar dos factores que, en concreto, podrían hacer que la formación pierda un gran número de votos.

El golpe sobre el tablero internacional que dio Trump tras enemistarse con Zelenski ha hecho que el político tenga que dar una opinión al respecto. La respuesta no ha sorprendido, pero sí ha cabreado a parte de su electorado. Por complacer a Trump y Orbán, el líder de Vox ha tratado de justificar que es la UE quien quiere que la guerra en Ucrania no tenga fin, poniéndose en contra de la mayoría de políticos del Viejo Continente. Evidentemente, Santiago Abascal no podría afirmar que está del lado de Putin fuese verdad o no, aunque algunos de los miembros entre sus filas si han dejado clara su posición. Recientemente, el sindicato de vox, Solidaridad, nombró a un nuevo líder, Jordi de la Fuente, un conocido neonazi y defensor de las teorías de Alexandr Duguin, ideólogo del régimen de Putin.

En cuanto a los aranceles aprobados la semana pasada, desde Vox las respuestas han ido variando. En un principio, los de Abascal apoyaron las medidas proteccionistas de la nueva administración, alegando que Trump “se preocupa por su pueblo”. A pesar de ello, las criticas contra estas opiniones han hecho que los ultraconservadores vayan moderando el discurso hasta asegurar que, aunque están en contra de los aranceles, ven con buenos ojos su razón de ser.

En este sentido, los cambios de opinión de la formación de Abascal y sus obligaciones por cumplir en el panorama internacional suponen una dura traba para salir del estancamiento político en el que se encuentran.

Vladimir Putin | Montaje Propio

Purgas internas

“Hoy no soy la persona de confianza del secretario general ni tampoco del presidente. Me parece lógico y honesto entregar mi acta de diputada”. Así se despidió Rocío Monasterio de la política el pasado octubre. De esta manera, Monasterio abandonaba su familia ultraderechista y partía una de las últimas integrantes de la vieja guardia que aún permanecía en la formación.

La renuncia de Monasterio a su escaño tras ser destituida como presidenta de Vox en la Comunidad de Madrid es tan solo un número más en la larga lista de dirigentes que en los últimos años han tenido que abandonar Vox a cuentagotas. Otros muchos, sin llegar a salirse de la formación, han sido relegados.

Monasterio ha sido la última cabeza cortada -al menos de importancia- en la guerra interna de Vox. Estas luchas de poder comenzaron hace tres años entre el al liberal del partido, encabezada por Iván Espinosa de los Monteros, y un ala más ultra, liderada por Jorge Buxadé; ahora eurodiputado y ojito derecho de Santiago Abascal, además de fuertemente vinculado al Yunque. Desde entonces, el sector de Buxadé ha inundado el partido y ha provocado más salidas de Vox.

Rocío Monasterio

Una de las afirmaciones más sonadas de la expolítica a su salida de la formación de Abascal es que en Vox falta democracia interna. “Solo puedo dar las gracias y desearle buena suerte”, fueron las únicas palabras que Abascal dijo sobre su abandono.

La salida de la cabeza madrileña de Vox evidencia de forma más reciente la crisis por la que atraviesan los ultraconservadores. Abascal y sus nuevos epígonos -como Buxadé- están lanzando el partido hacia posiciones abiertamente más radicales. Esto no es más que una estrategia para diferenciarse de los populares de Alberto Núñez Feijóo.

Vox se encuentra ante una encrucijada. Abascal endurece cada vez más el discurso para distanciarse del PP, a menudo perdiendo cualquier sentido de la coherencia. El intento de desdibujarse de los de Feijóo ya le pasó factura en las últimas autonómicas, cuando, en Madrid, Isabel Díaz Ayuso obtuvo mayoría absoluta. Con este fracaso de Monasterio, la dirección nacional del partido optó por cambiar el rumbo, siguiendo un camino que no pensaba en su presidenta madrileña.

Iván Espinosa de los Monteros

De todos modos, el futuro de Monasterio ya estaba sellado desde mucho tiempo atrás. La salida de su marido y mano derecha de Abascal, Iván Espinosa de los Monteros, fue, según él mismo declaró, por motivos personales. El verdadero motivo de este abandono fueron los resultados de las generales de julio de 2023, donde el partido no cumplió con las expectativas.

Tras su salida, miembros del sector liberal de la formación siguieron con su ejemplo. Juan Luis Steegman, Rubén Manso y Víctor del Real, representantes del ala liberal, se vieron desplazados ante el empuje del sector ultraconservador y ultracatólico liderado por Buxadé.

Macarena Olona

Espinosa y Monasterio tan solo han sido una reacción a un movimiento desencadenado en 2022 por Macarena Olona. Con las elecciones andaluzas, Olona esperaba ser decisiva para la formación de gobierno. Pero la mayoría absoluta de Juanma Moreno Bonilla dinamitó el frágil puente que unía a Olona y Abascal.

Poco tiempo después de las elecciones andaluzas, Olona abandonó la política alegando motivos de salud. Aunque trató de reengancharse a la formación, la cúpula de Vox no se lo permitió y, desde entonces, la que fuera candidata de Vox por Andalucía ha criticado duramente su anterior partido.

Vox es Abascal y Abascal y es Vox

Vox tiene un problema, y ese problema es Santiago Abascal. No utilizaremos la retórica nostálgica de que Vox fue una gran formación política antaño que se fue corrompiendo con el tiempo. Vox ha sido, es y, por el momento, será una formación de ultraderecha con cada vez más tintes posfascistas. Esto se debe, en su enorme mayoría, al culto al líder, a la figura de Abascal.

Desde sus diferentes divisiones autonómicas, se ha demostrado que los presidentes regionalistas no tienen voz ni voto. Todo los que hace Vox, a nivel nacional y autonómico, es una directriz que sale de la boca de Abascal. Los muchos problemas que plantea esta formación no hacen que pierda fuerza. Situar a Abascal como el problema de Vox no tiene nada que ver con sus resultados electorales, sino con su constante radicalización. Si en algún momento el partido conto con algo de sentido común con un sector liberal, las purgas se han encargado de aniquilarlo y precipitar a sus militantes al borde del abismo sectario.

Aproximadamente, en los últimos tres años, Vox se ha convertido en un juego de Simón dice, donde sí Abascal ordena saltar, a sus discípulos tan solo les queda preguntar: “¿cómo de alto?”.

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