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El pulso rebelde de la nueva derecha contra el ‘establishment’

Los jóvenes sacian su deseo de rebeldía, libertad y provocación cuestionando el establishment 

Ya Francisco Umbral desde su tribuna en El País hablaba de una derecha distinta a la de la UCD de Adolfo Suárez y tildaba de «punks» a sus representantes –Manuel Fraga, Alfonso Osorio y José María de Areilza– por su conservadurismo. En 1978, esta asociación entre ideología y música se dirigía a un sector minoritario. En la actualidad, la nueva derecha punk es bastante popular.

Frente al poder y la dictadura de lo “políticamente correcto”, surgen a la derecha de la derecha voces con un tono juvenil y beligerante que se rebelan contra «los dogmas de la izquierda». La rebeldía hacia lo establecido adquiere un tinte emprendedor y neoliberal, propio del capitalismo. La insurrección del punk resucita, pero al otro lado del espectro político.

El marxismo cultural

Con la caída de la URSS, la derecha derrotó a la izquierda en el enfrentamiento económico. Sin embargo, los progresistas han conseguido dominar la batalla cultural. Es lo que se conoce como marxismo cultural, una teoría conspiranoica que defiende que una élite de intelectuales marxistas procedentes de la Escuela de Frankfurt pretende deteriorar los valores tradicionales occidentales en aras de fomentar ideales del movimiento contracultural de los 60, como el multiculturalismo, el progresismo o la corrección política.

El bloguero de extrema derecha Curtis Yarvin habla de la catedral para referirse a las instituciones intelectuales, formadas por los medios de comunicación y las universidades, que utilizan la ideología woke para validar el uso del poder. Este pensamiento se centra en todo tipo de lucha por los derechos sociales de minorías, como la comunidad LGTBIQ+ o la población afroamericana, además de otros movimientos como el feminismo o el activismo climático. 

La pastilla roja

Frente a este pensamiento único, la nueva derecha se enfrenta a las “élites progresistas” buscando la verdad. Think tanks como el Instituto Juan de Mariana o revistas como Centinela se hallan inmersos en encontrar la salida de la caverna de Platón. De ahí las referencias a The Matrix (1999) en las redes sociales, el tener que elegir la pastilla roja para liberarse y conocer la realidad. Paradójicamente, en «la dictadura woke” esta derecha cuenta con múltiples canales para expresarse, siendo las redes sociales el medio predilecto.

 

 

Es más, han conseguido llegar al poder en varios gobiernos. Donald Trump, Giorgia Meloni, Viktor Orbán o Javier Milei son representantes de esta nueva forma de hacer política. En España está Vox y, en Madrid, Isabel Díaz Ayuso ensalzando la libertad como eslógan de campaña. 

El discurso

A través de un lenguaje informal y socarrón, a veces incluso cómico con los memes, la nueva derecha se renueva para transmitir postulados culturales no muy diferentes a los habituales: defender la reputación del hombre heterosexual, la patria, la familia tradicional y la religión. Se rompe con la corrección política en aras de la libertad de expresión, aunque resulte ofensivo. 

«El objetivo de mi contenido es que rabien y que echen espumarajos por la boca, mi seña de identidad es la agresividad verbal«, declara una de las voces de la alt-right en internet, InfoVlogger, para el reportaje La xarxa ultra.

El ensayista Pablo Stefanoni en su libro ¿La rebeldía se volvió de derechas? (2021) explica que, ante una visión pesimista del futuro, los proyectos de la izquierda y de partidos tradicionales no son convincentes para la sociedad.

Estas nuevas voces han sabido darle la vuelta al espíritu de las políticas de igualdad de la izquierda para hablar de la «desigualdad» entre ciudadanos. Y cala entre los jóvenes: según el CIS, el 51,8% de los hombres de entre 16 y 24 años cree que las leyes que mejoran la igualdad de las mujeres están  discriminando a los hombres.

Por su parte, Steven Forti, autor de Extrema derecha 2.0 (2021), no considera que estas nuevas fuerzas políticas vayan a suponer una ruptura con el orden social, sino más bien y paradójicamente, una reducción en derechos y libertades. En algunos países con gobiernos de este signo se ha propiciado una oleada de censura en el mundo de la cultura, se han propuesto y aplicado medidas antiabortistas, se han aprobado leyes en contra del colectivo LGTBIQ+, etcétera. Porque la derecha también se ofende, pregúntenle si no a Dani Mateo tras su sketch con la bandera de España.

Si estas medidas pretenden desmantelar el legado progresista, entonces juntar punk y derecha refleja una imprecisión: mientras que el género musical pretende romper con lo establecido hacia el futuro, la corriente política quiere hacer retroceder lo establecido hacia el pasado.

 

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